viernes, 2 de enero de 2015

Los libros del 2014 (poemarios)

Los poemas no suelen distribuirse como sus lectores quisiéramos. No obstante, tuve la oportunidad de leer varios que disfruté mucho. Aquí mi lista de los poemarios, publicados en el 2014, que más me entusiasmaron.


1. Luis Armenta Malpica, Llámenme Ismael, FOEM
2. Hernán Bravo Varela, Hasta aquí, Almadía
3. Julián Herbert, Bisel, Impronta
4. Ignacio Ruiz-Pérez, Papeles robados al fuego, IMC
5. Jehú Coronado López, Piedra, Atrasalante
6. Jorge Valdés Díaz-Vélez, Nudista, Gobierno del Estado de Coahuila 
7. Andrés Márquez Mardones, Poemas de upper cut, Literal
8. Daniel Bencomo, Alces Rejkyavik, Magenta
9. Jorge Orendain, Marpa, De lo Imposible Ediciones 
10. Jorge Manzanilla Pérez, Escarnio, Versodestierro

jueves, 1 de enero de 2015

Los libros del 2014 (ensayo)

Esta es mi lista de los cinco libros de ensayo, publicados en el 2014, que más disfruté durante el año pasado. Ni de cerquita pretende ser una selección crítica sino sólo una muestra de mi buen, o mal, gusto.

Iván Olano Duque

1. Iván Olano Duque, Variaciones sobre la embriaguez, Instituto Literario de Veracruz
2. Fabio Morábito, El idioma materno, Sexto Piso 
3. Luis Vicente de Aguinaga, El pez no teme ahogarse, Ediciones Arlequín
4. Malva Flores, La culpa es por cantar, Literal Publishing 
5. Ilan Stavans y Juan Villoro, El ojo en la nuca, Anagrama 

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Los libros del 2014 (narrativa)

Estos son los libros de narrativa, publicados en el 2014, que más disfruté. Si no está en la lista su favorito...recomiéndemelo, es altamente probable que no lo haya leído.



1. Javier Marías, Así empieza lo malo, Alfaguara
2. Yishai Sarid, El poeta de Gaza, Random House
3. Carmen Amoraga, La vida era eso, Destino
4. Nicolás Cabral, Catálogo de formas, Periférica
5. Claudia Salazar Jiménez, La sangre de la aurora, Animal de invierno
6. Juan Villoro, El apocalipsis (todo incluido), Almadía
7. David Miklos, Dorada, Tusquets
8. Benjamin Black, La rubia de ojos negros, Alfaguara
9. Álvaro Uribe, Autorretrato de familia con perro, Tusquets
10. Carlos Guadarrama, El jardín extraordinario, Instituto Literario de Veracruz

sábado, 4 de enero de 2014

Los libros del 2013

Aunque me parecen perogrulladas, algunos esperan que al publicar una lista el autor aclare algunas cosas. Para darles gusto, explico: esta no es la lista de los mejores libros del mundo (pues, como es obvio, nadie puede leerlos todos) y está elaborada fundamentalmente con apego a mis gustos (no a criterios estrictamente literarios que, por otra parte, nadie sabe en qué consisten exactamente). Aclarado esto...¡va mi lista!


1. Desterrados, de Eduardo Antonio Parra 
2. Loba, de Verónica Murguía
3. Intemperie, de Jesús Carrasco
4. Sótano de sí, de Camila Krauss
5. El matrimonio de los peces rojos, de Guadalupe Nettel
6. Conferencia sobre la lluvia, de Juan Villoro
7. Nostalgia de un fumador y otros ensayos, de Rafael Antúnez
8. La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero
9. Mal de Graves, de Francisco Hernández
10. Falsa liebre, de Fernanda Melchor

El pilón:
11. Todo un pasado por vivir, de Luis Vicente de Aguinaga
12. Vivir de noche, de Dennis Lehane
13. El idealista y el perro, de Guillermo Fadanelli

martes, 8 de enero de 2013

Lo mejor de 2012

Estos son los diez libros que más me gustaron de lo que pude leer publicado en el 2012: 

Canción de tumba de Julián Herbert
Séptico de Luis Vicente de Aguinaga
El festín de la muerte de Jesús Díez de Palma
Ojos llenos de sombra de Raquel Castro
Libro de las explicaciones de Tedi López Mills
Insolencia de Guillermo Fadanelli
¿Hay vida en la tierra? de Juan Villoro
El Sunset Limited de CormacMcCarthy
Contraensayo de Vivian Abenshushan
Autos usados de Daniel Espartaco Sánchez.

viernes, 27 de enero de 2012

Pasos previos a las visiones del futuro (pieza cursi)

Para i
1
Cuando no está repleta de seres espantosos y dolores inenarrables, cuando tenemos la dicha de no suponer que el mejor lugar para vivir es debajo de una mesa, la memoria suele ser un espacio ideal para reinventarnos en arrebatos de cursilería. Para estas lides, como dice la canción, sigo siendo el rey.
2
No sé si los recuerdos habiten nuestra mente en archivos clasificados con alguna lógica bizarra. A veces, más por ocio que en un afán de dilucidación filosófica, imagino mi cerebro como una enorme biblioteca cuya estantería no tiene aún demasiados volúmenes y, sin embargo, cuenta con la suficiente información como para poner en apuros a un, hipotético también, despistado encargado.
¿Cómo clasificar un acervo donde igual aparecen los libros ilustrados por Rius que las tardes jugando “bote pateado” con los vecinos de la infancia? ¿Dónde acomodar la imagen de mi madre bañando un gato callejero o los primeros trayectos en bicicleta para aventurarnos en el barrio en compañía de mi hermano? ¿Junto a qué archivar los abrazos paternos? ¿Y los regalos de los reyes magos? ¿La forma de sus ojos, el brillo de sus ojos, mi imagen en sus ojos?
3
Al parecer es más creíble, aunque poco empata con la imagen borgiana que me gustaría tener de mi memoria, que mi cabeza se asemeje más a una covacha donde igual hay cajas con objetos queridos, estorbosos, ignorados o simplemente basura que por olvido o desidia no he colocado en mejor sitio.
Más que encontrado, me hago consciente de la existencia de algún recuerdo cuando éste parece enredarse en mi camino. No suelo ir en búsqueda de la remembranza. No soy por vocación proclive a la nostalgia y, no obstante, a menudo me descubro enredado en las evocaciones.
La contemplación de un bicho trae a mientes al patrón de mi primer trabajo. La calidez del sol, a un cantante de mediano talento y mucha fama. Las zonas arqueológicas, un poema de Octavio Paz. Las formas de una nube, la deliciosa turgencia de unas nalgas…
Más allá de algún posible proceso metonímico que pueda explicar la aparición espontánea de algunas de estas imágenes, las reminiscencias no parecen cumplir casi nunca con un patrón específico. No surgen como pares de un juego de memorama en el que la imagen de una pelota recupera del pasado algunas escenas donde otras pelotas tuvieron una importancia significativa. Un cántaro puede empatarse con una resbaladilla, la resbaladilla con una canción de Manú Chao, el cantante francés de origen español con los ríos de México, el Lerma…con el contorno de sus ojos, el color de sus ojos, la dirección de su mirada.
4
La memoria, al menos en mi caso, es un juego de azar. No entiendo los puentes que se cruzan entre una alusión y otra. Las divagaciones entre un tema actual y algo vivido en el pasado. Los saltos entre un recuerdo y la imagen presente poco abundan en el descubrimiento de una verdad que pueda ser útil de manera recíproca. Por el contrario, pienso que la dispersión, el fragmento, es la tónica fundamental de aquel que rememora.
5
El que recuerda, sin embargo, parece movido por una fe poderosa: si hay evocación es porque todo sucedió de tal manera. “Yo lo viví, yo estuve ahí, nadie me lo contó”, nos dice subiendo el tono y sin despegar la vista.
El pasado, vaya perogrullada, no existe en ningún sitio. Parece haber en nuestro cerebro una mezcla de químicos que, mediante cierto impulso eléctrico, nos proyecta la ilusión de haber vivido algo. Una marca, apenas, es el material para asirnos de la nada.
6
Hace un par de semanas, tal vez un poco más, que eso de la memoria es engañoso, nos encontramos en casa y, como no queriendo, tocamos el tema de unos poemas míos escritos hace años, quizá un lustro. Pensé que algo de rubor le causarían aquellos versos a pesar de haber pasado el tiempo, no sé cuánto.
Ella me preguntó si todavía tenía contacto con aquella chica. Me refirió una historia que al parecer le había contado sobre una musa y la creación literaria. Algo de aquella explicación me pareció familiar. Unas historias explican con detalle otras y terminan sobreponiéndose perdiendo sus límites. Ahora, independientemente de lo que haya sido, estoy seguro de que en cada línea se encuentran sólo sus ojos.
7
La letra escrita es para algunos la prueba fehaciente de su paso por el mundo. Documento indiscutible de tener en su poder la verdad a pesar de que esta sea oscura. Las palabras se transforman en amuletos que otorgan seguridad, que brindan la sensación de controlar el juego aunque nunca en realidad se esté seguro de cuáles son las reglas.
Los signos, sin embargo, más allá de su intrínseca polisemia, siempre están sometidos a la interpretación de quien se acerca a ellos. En el lector se encuentra la luz para vislumbrar, a veces, la poesía. En él también está la capacidad para ensuciar o distorsionar el mensaje.
9
Según Nicholas Carr, a la luz de los más recientes descubrimientos de la neuroplasticidad, “cuanto más se concentra en sus síntomas una persona que sufre, más se le graban los síntomas en sus circuitos neuronales. En el peor de los casos, la mente en esencia se entrena para la enfermedad”. De ahí que no exista el apartado número ocho que, intuyo, deformaba lo que realmente sucedió cuando ella comenzó a mirar en dirección contraria.
10
“Alguien que no tiene memoria desarrolla visiones del futuro” , señala el protagonista de la novela Tokio ya no nos quiere, de Ray Loriga. Es posible que lo mejor sea vaciarme de recuerdos. Esperar a volver encontrarme en su mirada y olvidar todo lo demás.

sábado, 14 de enero de 2012

Los mejores libros del 2011

Por supuesto, como toda lista, es susceptible de...bla, bla bla.

1.- Los enamoramientos, de Javier Marías
2.- Butes, de Pascal Quignard
3.- Muerte caracol, de Ana Ivonne Reyes Chiquete
4.- Ánima, de Antonio Ortuño
5.- Delante de un prado una vaca, de Fabio Morábito
6.- Némesis, de Philip Roth
7.- Mentía usted mejor en París, de Rafael Antúnez
8.- El daño no es de ayer, de Ignacio Padilla
9.- Diarios de bicicleta, de David Byrne
10.- Superficiales, de Nicholas Carr